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Frente al socialismo educativo también libre mercado en la educación

sábado, 3 de marzo de 2012

La semana pasada la educación ha estado presente en todos los debates. Por desgracia no se ha cuestionado la calidad del sistema educativo, sino el funcionamiento del sistema de calefacción de los institutos, que al parecer, es lo que preocupa a la izquierda de este país. 
Ironías aparte, los presuntos estudiantes de la #PrimaveraValenciana usaron la educación como excusa de atrezzo para ensayar la oposición callejera que aguarda al Partido Popular. Estos “jóvenes” están por la agitación social, y no por la reforma del sistema educativo. La educación, como demuestran cuando abren la boca para repetir consignas (en el mejor de los casos), insultos y amenazas, es algo de lo que carecen y a lo que no aspiran.
La educación no es cuestión de ideología 
Una nación fuerte y próspera no pretende adoctrinar a sus ciudadanos, sino formar ciudadanos con criterio y opinión propia. Ciudadanos críticos y libres, que impulsen el crecimiento. Ciudadanos que emprendan negocios, creen empresas e innoven. El adoctrinamiento sólo es perseguido por los regímenes totalitarios que cultivan el pensamiento único y no creen en la persona libre, sino en la masa de militantes/votantes cautivos del partido.



 No creo que todos los que defiendan esas ideas lo hagan desde la maldad y el totalitarismo. Pero muchos sí ejercen desde la llamada superioridad moral de la izquierda que cree que las personas son estúpidas y no pueden ni deben decidir en libertad.
No podemos esperar que estudiantes formados en un sistema socialista que potencia la mediocridad, la igualdad en la ignorancia y no en la excelencia, tengan otra aspiración al terminar su formación que ser liberados sindicales, o en el mejor de los casos, formar parte del cuerpo de funcionarios del estado o colocarse en una empresa pública. A emprender también se aprende en la escuela. 
Los ni-nis, que ni estudian ni trabajan, son el resultado del socialismo educativo: los ni-nis son los hijos de la LOGSE que esperan tumbados en el sofá la subvención mientras sus madres les preparan la comida, la merienda y la cena.
La única “propuesta” que repite como un mantra la izquierda cuando habla de educación es escuela pública y gratuita. 
Aquellos que han hecho de la educación pública una escuela de ideología son los primeros que llevan a sus hijos a un colegio privado. Ellos se lo pueden permitir. Ellos se pueden permitir pagar con sus impuestos una plaza en la escuela pública, y a la vez matricular en un colegio privado a sus hijos Ellos se lo pueden permitir gracias a los emolumentos que perciben por sentarse en el consejo de administración de la caja que te cobra comisiones hasta por respirar dentro de la oficina bancaria. 
Ellos se lo pueden permitir, muchos de sus votantes no. Y los condenan con su visión socialista de la educación a la precariedad laboral, y lo que es peor, a creer que no existe nada más allá de las murallas socialistas que cuartan tu libertad. Escaparse de un sistema educativo socialista no es sencillo.
El derecho a la educación
Tener derecho a una educación no quiere decir que esa educación deba ser pública o gratuita. 
Lo primero, lo público, no es necesariamente mejor y lo segundo es una utopía, o más bien una mentira.
A los que consideran que la escuela pública es la única opción de sistema educativo que garantiza su acceso les pregunto: ¿y por qué, en lugar de costear directamente al oferente del servicio, a la escuela del barrio, no pagamos al demandante del servicio: becamos al alumno con un cheque escolar que le permita decidir?. 
La libertad de elección de centro y la asignación de recursos a través del cheque escolar dinamizaría el sector educativo: los centros competirían con una mayor calidad educativa para atraer los cheques de sus alumnos, y no se conformarían con cubrir los cupos a través de los recursos asignados por un sistema educativo socialista, en el que todos los centros son un número. 
A los que piensan que la educación es gratuita les pregunto: ¿quién paga las facturas de la escuela de tu barrio? Porque recuerda: tu educación te la han pagado todos los españoles con sus impuestos. El gratis total no existe, alguien siempre lo termina pagando y es muy probable que tarde o temprano ese alguien seas tú. 
No seré yo quien por tanto defienda una educación pública y gratuita, sino el acceso en igualdad de oportunidades a una educación de calidad.

Nunca hemos destinado en este país tanto dinero a la educación con unos resultados tan pobres. La educación no es solo cuestión de dinero, sino de esfuerzo. Un esfuerzo que involucra y compromete a padres, alumnos y profesores a partes iguales.
A los que se manifiestan exigiendo su derecho a la educación, un derecho que nadie ha cuestionado, les recuerdo que deben cumplir también con sus deberes. Y su derecho a la educación emana del deber de aprovechamiento de la misma. 
La educación de calidad se alcanza a través del esfuerzo y trabajo personal de aquellos que sienten curiosidad y pasión por aprender, y aspiran con ello a destacar en la vida por su contribución a la sociedad. Una pasión por el aprendizaje que los profesores deben inculcar a sus alumnos y una cultura del esfuerzo que los padres deben transmitir a sus hijos.
Frente al sistema de educación socialista apostemos por el libre mercado, por la libertad también en la educación. Sólo temen a la competencia aquellos que no tienen nada mejor que ofrecer que su ideología.
Una lectura para continuar la reflexión. Os recomiendo un informe de la Harvard Bussines Review sobre educación y competencia: “Rethinking School”  (http://hbr.org/2012/03/rethinking-school/ar/1).

La conversación continúa en Twitter, Javier Rodríguez Rodríguez (@JavierRguez1982). Espero vuestras opiniones.

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