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COMPARA CIÓN DE DOS ESTRATEGIAS
DE INTERVEN CIÓN EN INTERACCIONES
MADRE-HIJO. SU RELACIÓN CON
EL RENDIMIENTO ESCOLAR1

articulo en PDF : http://es.scribd.com/doc/52026039

David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
Universidad Nacional Autónoma de México

RESUMEN
El objetivo del presente estudio fue aplicar estrategias de intervención para
mejorar las interacciones en díadas madre-hijo, como una manera de mejorar
el desempeño académico y la conducta en el aula de alumnos de primer
grado, de estrato sociocultural bajo. Se comparó el nivel de efectividad de
dos estrategias, cada una llevada a cabo en 20 sesiones de dos horas semanales,
a través de la comparación de tres grupos homogéneos de 15 díadas
cada uno: el Grupo A recibió entrenamiento para mejorar interacciones diádicas,
en el Grupo B se entrenó exclusivamente a las madres de familia para
mejorar sus prácticas de crianza, el Grupo C no recibió entrenamiento simultáneo.
Se evaluó la efectividad de las estrategias midiendo sus efectos sobre
tres variables dependientes: las prácticas de crianza reportadas por madres
e hijos, el rendimiento académico (promedio escolar) y la conducta de los
alumnos en el aula, antes y después de la intervención. Los mejores efectos
se observaron en el Grupo A, considerando las tres variables dependientes.
Se discuten las implicaciones, aportaciones y limitaciones del estudio.
Palabras clave: interacciones diádicas, estilos de crianza, rendimiento
académico, conducta inadecuada, educación básica.

1. Recibido: 6 de Junio, 2008. Revisado: 9 de Noviembre 9, 2008. Aceptado: 30 de Diciembre, 2008.
220 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez

ABSTRACT
The objective of the present research was to apply intervention strategies
to improve the interactions of the mother-child dyad, as a way to improve
the academic performance and the behavior in first grade students of the
low socio-cultural stratum. The effectiveness of two strategies was compared
through the comparison of three homogenous groups composed of 15 dyads
each. Group A received training to improve dyadic interactions; in Group B
exclusively mothers were trained to improve their raising practices; Group C
did not receive training at all. Each strategy was applied in 20 two-hour sessions
per week. The effectiveness of the strategies was evaluated measuring
its effects in three dependent variables: raising practices reported by mothers
and children, academic performance (scholar average), and children’s behavior
in the classroom before and after the intervention. The best results were
observed in Group A, considering the three dependent variables. The implications,
contributions, and limitations of the study are discussed.

Key words: dyadic mother-child interactions, raising styles, academic
performance, classroom behavior, basic education.



Entre los planteamientos de la psicología contemporánea se reconoce que
es la familia quien puede promover el desarrollo personal y social en los niños,
donde los padres ponen en juego estilos de crianza que determinan en
gran medida el tipo de relación padre-hijo, así como los niveles de desarrollo
psicológico infantil en diversas habilidades y competencias. Dentro de esta
disciplina, el contexto familiar se concibe como un sistema que incluye vías
de mutua influencia, directa e indirecta, entre sus integrantes. Los estilos
de crianza paternos y los patrones de interacción familiar tienen influencia
prácticamente en todos los ámbitos de la vida de un individuo en desarrollo:
en sus habilidades conductuales y aspectos de personalidad, en sus formas
de interacción con la comunidad, e incluso en el nivel de éxito o fracaso en
actividades escolares y productivas (Jiménez y Guevara, 2008).
El bajo rendimiento escolar de un alumno y las interacciones que se viven
dentro de su hogar se toman muchas veces como aspectos desvinculados,
dado que escuela y hogar son ambientes separados y con frecuencia ajenos
entre sí. Sin embargo, desde las diferentes corrientes psicológicas se reconoce
que el papel que juegan los progenitores dentro de la familia es fundamental
para el desarrollo adecuado de cualquier individuo y particularmente
para su formación académica. Son muchos los estudios que han comprobado
que los estilos de crianza y las interacciones familiares desfavorables afectan
negativamente el desempeño académico y social de los niños.
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 221
La importancia social de este tema radica en que uno de los problemas
más relevantes en nuestro país es el índice de bajo rendimiento escolar en
estudiantes de nivel primaria. Según datos del Instituto Nacional para la Evaluación
Educativa (INEE, 2004, 2006), sólo el 37% de los alumnos que terminan
la primaria muestra un nivel satisfactorio en habilidades lectoras, y en
matemáticas dicha proporción es de sólo el 13%; al comparar a los alumnos
considerando el contexto sociocultural (incluyendo lo que el INEE ubica
como “capital cultural de las familias”) se encontró que este factor explica
aproximadamente el 68% de las diferencias registradas en el aprendizaje de
los alumnos, y que en los contextos socioculturales catalogados como “muy
desfavorables” la gran mayoría de los alumnos (más del 80%) obtuvo niveles
académicos insatisfactorios. Esta situación puede llevar al fracaso escolar de
amplios sectores de nuestra sociedad.
En ese contexto, se hace necesario que la psicología educativa mexicana
desarrolle líneas de investigación que permitan estudiar la relación que
guardan los estilos de crianza y las interacciones familiares con el rendimiento
escolar, revisando planteamientos teóricos y hallazgos de investigaciones
previas, confirmando o refutando esos hallazgos en poblaciones mexicanas,
y diseñando estrategias de intervención para mejorar las prácticas de crianza,
las interacciones dentro del seno familiar y el desempeño académico de
niños mexicanos en situaciones de riesgo.
Las interacciones familiares han sido abordadas desde varios enfoques
psicológicos, utilizando términos propios de su tendencia teórica-metodológica.
En el presente trabajo se hace referencia a los planteamientos de autores
con un enfoque cognitivo-conductual que hacen uso del término estilos de
crianza (Lipsitt y Reese, 1983; McKinney, 1981), así como de autores que
desde el enfoque conductual manejan términos como interacción padreshijos,
interacción diádica y prácticas de crianza (Bijou y Baer, 1982; Guevara
y Mares, 1995; Kantor, 1980; Ortega, 1994).
Los hallazgos de las investigaciones relativas a los estilos de crianza
permiten tener un panorama general de una serie de factores que propician
ciertos estilos, y de la influencia que éstos tienen sobre el desarrollo psicológico
infantil, especialmente en variables como el rendimiento académico, el
nivel de adaptación social en la escuela y la familia, o el nivel de auto-estima
(v. g. Aguilar, Valencia, Martínez, Romero y Lemus, 2004; Lambord, Mounts,
Steinberg y Dornbusch, 1991; Steinberg, Lamborn, Darling, Mounts y Dornbusch,
1994). Tales autores ubican cuatro estilos de crianza principales y
los caracterizan de la manera siguiente:
Estilo democrático. Caracteriza a los padres que pueden delimitar reglas
dentro del hogar y transmitirlas a sus hijos, haciéndoles saber cuando no
hacen lo correcto. Este tipo de padres atiende a las necesidades de sus hijos
222 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
sin romper las reglas y teniendo una comunicación con ellos para conocer su
punto de vista, y juntos establecer acuerdos.
Estilo permisivo. Caracteriza a los padres tolerantes en extremo, que
autorizan todo a sus hijos; acuden ante la menor demanda de atención, se
oponen a impartir castigos o señalamientos verbales y ceden a la menor
insistencia.
Estilo negligente. Caracteriza a los padres tolerantes en extremo, que
permiten que sus hijos se comporten como quieran, pero a diferencia de los
de estilo permisivo, estos padres no acuden ante las demandas de atención,
tampoco imponen castigos y no establecen intercambios o negociaciones
con sus hijos.
Estilo autoritario. Caracteriza a los padres sumamente estrictos e intransigentes,
que exigen obediencia. Los padres bajo este estilo de crianza imponen
reglas, tanto morales como de comportamiento, las cuales deben ser
practicadas sin objeción; no toleran las contradicciones y actúan aún en contra
de los intereses o aspiraciones de los hijos. Justifican su actitud partiendo
del principio de que ese es el camino para que los hijos tengan un futuro
favorable, y que la “mano dura” hace hijos responsables y comprometidos.
De acuerdo a los hallazgos dentro de esta línea de investigación (Aguilar et
al., 2004; Lambord et al., 1991; Jiménez, 2000), existen ciertas variables que
suelen estar fuertemente asociadas con los estilos de crianza específicos.
Entre tales variables relacionadas se pueden ubicar: 1) el nivel de escolaridad
materna y paterna, dado que altos niveles de escolaridad suelen relacionarse
con los estilos democrático y permisivo, mientras que en padres y
madres con niveles escolares bajos pueden ubicarse los estilos autoritario y
negligente, y 2) clase social, la relación es similar a la reportada para la variable
escolaridad paterna y materna, aunque con menor grado de influencia.
Además, existen investigaciones (Berridi, 2001; Jiménez, 2000; Steinberg et
al., 1994; Vallejo, 2002) que prueban que los estilos de crianza paternos influyen
fuertemente sobre tres variables específicas en sus hijos: rendimiento
académico, nivel de auto-estima y conducta social dentro del ámbito escolar
y familiar. El estilo democrático se relaciona con niveles satisfactorios de rendimiento
académico y auto-estima, así como con conducta social adecuada
en escuela y familia por parte de los niños, mientras que los otros estilos se
correlacionan con bajos niveles de rendimiento escolar, de auto-estima y/o
de conducta social.
Desde una perspectiva conductual, otra línea de investigación se ha encargado
de estudiar el tema, enfocando las formas específicas de interacción
en el hogar, especialmente las interacciones diádicas madre-hijo, así
como su impacto sobre el desarrollo psicológico infantil. Esta tendencia se
contrapone a la concepción tradicional y unidireccional que plantea que son
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 223
las madres quienes, a través de sus estilos de crianza, determinan las características
de la relación con sus hijos y por ende el desarrollo infantil; en
lugar de ello, se adopta una concepción interactiva de la relación diádica, así
como del proceso de desarrollo infantil y académico, donde confluyen factores
como el contexto físico y social, el nivel cultural y las actividades realizadas
dentro del hogar como parte de la vida interactiva cotidiana (Guevara y
Mares, 1995). Este enfoque parte de que el comportamiento de los padres en
situaciones de interacción con los niños depende de las características y tipo
de conductas de éstos, y que a su vez, la conducta infantil varía de acuerdo
a las características y conductas de los progenitores (especialmente de la
madre), así como de la situación particular que se viva. Autores como Pineda
(1986) plantean que cuando el niño es expuesto a un ambiente rico, donde
hay muchos objetos y actividades cuyo acceso sólo es posible a través de la
comunicación, se promueven mejores interacciones entre niños y adultos, lo
cual repercute de manera importante en el desarrollo infantil.
Torres, Ortega, Reyes y Garrido (2008) reportan que las interacciones diádicas
se pueden diferenciar de acuerdo a su calidad. La calidad de la interacción
madre-niño puede verse influida por el momento y la topografía en que se
den las respuestas a la otra persona, dado que la respuesta de un integrante
generalmente precede a la del otro, con lo cual se da una sincronía de respuestas.
Dentro de las interacciones de alta calidad, las autoras ubican aquellas en
donde las madres observan y responden a las necesidades del niño, es decir
son sensitivas y responsivas a las conductas presentadas por su hijo, inician y
promueven situaciones interactivas, integrándose en actividades conjuntas con
su hijo, sin recurrir a conductas que pudieran restringir la adquisición de nuevas
habilidades por parte del niño, como la directividad o conductas autoritarias. El
desarrollo de conductas mutuamente reforzantes durante los primeros años de
vida del niño aumenta la probabilidad de que se mantenga la satisfacción y la
cooperación mutua, y a partir de esto, surjan estilos de interacción que sean
promotores de un buen desarrollo psicológico infantil.
Connell y Prinz (2002) reportan que el nivel de escolaridad de la madre
se relaciona con las interacciones diádicas adecuadas y cercanas, y que
dichos patrones de interacción se relacionan a su vez con niveles altos de
habilidades sociales y de comunicación en los niños. Mientras que estudios
longitudinales (Baker, Mackler, Sonnenschein y Serpell, 2001; Morrison, Rimm-
Kauffman y Pianta, 2003) encuentran una fuerte relación entre los patrones
de interacción temprana madre-hijo y los resultados académicos de los
alumnos, así como sus conductas sociales, en el transcurso de su educación
básica. Estos autores concluyen que en díadas con relaciones tempranas
negativas, los niños se encuentren en riesgo de tener resultados escolares
negativos. Similarmente, diferentes investigaciones (Connor, Son, Hindman,
y Morrison, 2005; Hughes, Gleason y Zhang, 2005; Peñalva, 2001) indican
224 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
que las actitudes de los alumnos con referencia a la escuela, al profesor y a
las actividades culturales, están mediadas por el tipo de interacciones que el
niño establece en el hogar, y que dichas variables se asocian con el rendimiento
académico.
Dados los hallazgos de las líneas de investigación mencionadas, resulta
clara la necesidad de desarrollar estrategias que permitan a las madres adquirir
habilidades para acercarse a sus hijos, así como conductas que correspondan
a un estilo de crianza democrático. Promover mejores interacciones
diádicas madre-hijo puede ser una buena manera de mejorar el aprovechamiento
escolar de los alumnos, así como su adaptación social, escolar y familiar.
Dicha necesidad se presenta especialmente en familias que pueden
mostrar algunos factores de riesgo como un nivel sociocultural bajo, o bien
con alumnos que desde los primeros años escolares ya muestran problemas
de conducta en el aula o bajo rendimiento académico. También resulta importante
clarificar cuál es la mejor estrategia para lograr esos objetivos, si brindar
un entrenamiento exclusivamente a las madres con el objeto de mejorar
sus prácticas de crianza (tal como lo señalan diversos autores como Epstein,
2001 y Martínez, Martínez y Pérez, 2004), o involucrar a ambos miembros
de la díada madre e hijo en un entrenamiento encaminado a mejorar sus
interacciones.
El objetivo central de la presente investigación fue evaluar la efectividad
de dos estrategias de intervención en las interacciones madre-hijo, su relación
con el desempeño académico y social de los niños.
MÉTODO
Participantes
En el estudio se contó con 90 participantes, 45 madres y sus hijos, 18 niñas
y 27 niños con una media de edad de 5.9 años, inscritos en el primer grado
de una escuela primaria pública ubicada en una colonia de nivel sociocultural
bajo, en la zona metropolitana del Estado de México (ver Anexo 1). El
criterio para la inclusión de los niños en el estudio fue que hubieran obtenido
un promedio de calificación global menor de 7 durante la primera evaluación
bimestral del ciclo escolar 2006-2007 y que, junto con sus madres, estuvieran
dispuestos a participar en el estudio. El 44% de los alumnos participantes fue
reportado por sus profesores con conducta inadecuada dentro del salón de
clases. De acuerdo con los reportes de las madres participantes, el 47% de
ellas cuenta con un ingreso mensual familiar entre mil y cuatro mil pesos, el
87% tiene una escolaridad máxima de nivel secundaria, el 56% se dedica al
hogar, el 67% están casadas, el 4% de sus parejas no tiene actividad laboral
y el 96% tiene una actividad laboral fija u ocasional, el 42% tiene entre tres y
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 225
cinco hijos y la edad de las madres participantes se ubicó entre 23 y 44 años,
con un promedio de 32.4 años.
Variables
Las variables de la investigación correspondieron a tres categorías: demográficas,
dependientes e independientes. Dentro de las primeras se ubicaron:
edad y sexo del niño, edad, estado civil, escolaridad y ocupación de la madre,
así como estructura e ingreso mensual familiar.
Las variables dependientes fueron: 1. Estilos de crianza reportados por
las madres, definidos en términos del porcentaje de reactivos que las madres
contestaron como “frecuentemente” y “muy frecuentemente”, en respuesta a
las preguntas realizadas acerca de la forma en que actúan ante situaciones
particulares con sus hijos; tales respuestas permitieron ubicar los niveles en
que se presentó cada uno de los cuatro estilos de crianza (democrático, permisivo,
negligente y autoritario) que explora la “Escala sobre estilos maternos
de crianza” elaborado por Jiménez (2000). 2. Estilos de crianza reportados
por los hijos, definidos como el porcentaje de reactivos que los niños eligieron
en respuesta a las preguntas realizadas acerca de la forma en que actúan
sus madres ante situaciones particulares con ellos, que explora la “Escala de
reportes del niño acerca del estilo de crianza materno” de Jiménez (2000).
3. Rendimiento académico de los alumnos participantes, que contempló los
puntajes de las calificaciones bimestrales oficiales de las tres materias académicas
del currículum o plan de estudios de primer grado de primaria, Matemáticas,
Español y Conocimiento del medio, relacionadas con habilidades
operacionales, de lecto-escritura y de conocimiento del medio ambiente; son
obtenidas a través de los criterios que la Secretaría de Educación Pública determina
para evaluar el avance académico de los alumnos, incluye participación
en clase, cumplimiento de tareas académicas y ejecución en los exámenes
bimestrales diseñados con base en los contenidos temáticos revisados
durante el periodo correspondiente. 4. Conductas sociales inadecuadas en
el aula, definidas (de acuerdo con Plaza, 1996), como aquellas que influyen
negativamente en el proceso docente y/o suponen un trastorno para el desarrollo
de la vida escolar; entre ellas se ubican: negarse a cumplir las reglas
o tareas, molestar a compañeros o profesores, desobediencia sistemática y
agresión física o verbal; para el presente estudio se consideró el número de
niños cuyos profesores identificaron con alguna(s) de estas conductas, con
base en el cuestionario utilizado para ello.
La variable independiente fue la estrategia de intervención. Se compararon
dos estrategias generales: la primera fue la intervención con un grupo
de madres y sus hijos, para mejorar sus patrones de interacción diádica; la
segunda fue el entrenamiento dirigido a madres, orientado a modificar sus
estilos de crianza y promover en ellas el estilo democrático con sus hijos.
226 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
Ambas estrategias fueron comparadas entre sí, al comparar a los grupos que
recibieron uno y otro programa, así como con el grupo control que no recibió
ninguno de los programas durante el ciclo escolar referido.
Instrumentos
1. Cuestionario sobre datos demográficos elaborado por Jiménez (2000).
2. La Escala sobre estilos maternos de crianza, dirigido a madres está conformada
por 80 reactivos que presentan 17 situaciones de interacción
diádica. La autora reporta que se balancearon tanto los reactivos como
las situaciones para mantener el equilibrio de la prueba; las respuestas a
cada situación hipotética pretenden abarcar alguna característica de interacción
de los diferentes estilos de crianza. Las situaciones contemplan
diferentes dimensiones de interacción madre-hijo: a) acciones pro-sociales,
labores del hogar y conductas de ayuda; b) demandas para conductas
apropiadas y limitación de conductas inapropiadas; c) demandas de
cuidado, que incluyen auto-cuidado y regulación de seguridad física y de
orientación del niño, y d) cómo las madres hacen peticiones a sus hijos.
Delante de cada reactivo se ubican cuatro opciones de respuesta, de
acuerdo a lo que la madre cotidianamente haría en dicha situación, ellas
deben elegir lo que hacen: Muy frecuentemente, Frecuentemente, Casi
nunca y Nunca (hay 20 reactivos para ubicar cada estilo de crianza). Los
datos de diseño, validez y confiabilidad fueron reportados por su autora
(Jiménez, 2000).
3. La Escala de reportes del niño acerca del estilo de crianza materno contiene
32 reactivos planteados gráficamente y en forma de situaciones
cotidianas para el niño, las cuales se dividen en tres categorías o escenarios:
hogar, escuela y social. Cada reactivo cuenta con cuatro opciones
de respuesta, donde cada una de ellas corresponde a uno de los estilos
de crianza referidos. Los dos primeros reactivos tienen como objetivo
que el niño entendiera el funcionamiento del cuestionario, por lo que se
les llama “reactivos de entrenamiento”, no se evalúan. Al igual que el instrumento
anterior, la prueba fue diseñada, validada y confiabilizada por
su autora (Jiménez, 2000).
4. El cuestionario dirigido a los profesores de primer grado se conformó con
preguntas relacionadas con la conducta de cada uno de sus alumnos
dentro del salón de clase: si el alumno cumplía con las reglas establecidas
dentro del salón de clases, si las tareas asignadas eran cumplidas
satisfactoriamente, si la conducta del alumno se orientaba a molestar
a compañeros o profesores, si existía desobediencia sistemática en el
horario de clases, si consideraba que el alumno manifestaba algún tipo
de agresión física o verbal hacia los demás. Lo anterior se consideró con
base en la literatura acerca del tema (Plaza, 1996). Criterio de evaluación
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 227
del cuestionario: se consideraba que un alumno presentaba conducta
inadecuada en el aula, aun cuando el profesor ubicara en él una sola de
las conductas problema.
5. Las calificaciones oficiales. Se consideraron únicamente las calificaciones
de las materias académicas básicas Espanol, Matemáticas y
Conocimiento del medio, para que no influyeran las calificaciones asignadas
por el profesor para aspectos como puntualidad, disciplina, aseo o
cuidado personal, actividades artísticas o actividades deportivas.
Obtención y análisis de los datos
Las variables demográficas fueron consideradas únicamente como descriptoras.
Las medidas de las variables dependientes se obtuvieron de la manera
siguiente: 1) para ubicar las conductas maternas predominantes durante la
interacción con sus hijos, se consideraron sólo aquellas reactivos que las
propias madres contestaron con las opciones “frecuentemente” y “muy frecuentemente”,
catalogadas dentro de cada uno de los cuatro estilos de crianza;
se obtuvo el porcentaje de las conductas de cada estilo sumando dichas
respuestas y dividiendo entre el total de reactivos; 2) las respuestas dadas
por los niños acerca de las conductas maternas fueron sumadas por estilo y
divididas entre el total de reactivos, para obtener su porcentaje; 3) se consideró
el número de alumnos reportados con conducta inadecuada en el aula;
4) se obtuvo el promedio de las calificaciones académicas para cada materia
y para la calificación académica global, a lo largo del ciclo escolar.
Con los porcentajes y promedios mencionados se elaboraron gráficas
que permiten comparar el desempeño de las madres y los alumnos de cada
grupo, antes y después de la intervención. Para contar con datos adicionales
se realizaron pruebas estadísticas utilizando el programa SPSS versión 12.0
para Windows.
Procedimiento
El estudio tuvo un diseño pretest-postest, con dos grupos experimentales
y un grupo control (siguiendo los criterios de Méndez, Namihira, Moreno y
Sosa, 2006).
Fase de pre-evaluación
Después de explicarles los propósitos del estudio, las madres interesadas
firmaron un consentimiento informado sobre su participación y la de sus hijos.
Los investigadores aplicaron los instrumentos. El cuestionario sobre datos
demográficos y la escala sobre estilos maternos de crianza, dirigidos a las
madres, fueron contestados por escrito en una sesión grupal de 50 minutos.
Para los alumnos, la aplicación del instrumento se realizó de manera individual
en sesiones de 35 minutos, aproximadamente. La aplicación del cues228
David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
tionario dirigido a profesores para informar problemas de conducta en el aula
tuvo una duración de 10 minutos para el reporte de cada niño.
Una vez concluida la fase de pre-evaluación, las 45 díadas fueron asignadas
de manera aleatoria a tres distintas situaciones experimentales, conformándose
dos grupos de intervención y uno control, con 15 díadas cada
uno. Para asegurar que antes de empezar el entrenamiento no hubiera diferencias
importantes entre los grupos, se realizó el análisis estadístico (chi
cuadrada y ANOVA), el cual indicó que no hubo diferencias estadísticamente
significativas entre ellos, ni en lo relativo a las variables demográficas ni en
promedio escolar y conducta inadecuada de los alumnos.
Fase de intervención
La aplicación de las dos estrategias de intervención se llevó a cabo por parte
del mismo investigador, en el mismo escenario (un aula de la escuela, de
aproximadamente 8 X 10 metros, equipada con dos pizarrones y 30 mesabancos),
y de manera paralela, en diferentes días de la semana.
Grupo A. Entrenamiento con díadas. Las 15 díadas de este grupo recibieron
conjuntamente una estrategia de entrenamiento sobre formas específicas
de interacción entre ambos miembros de la díada; el programa se aplicó
durante ocho sesiones grupales de aproximadamente dos horas de duración,
con un intervalo entre sesiones de una semana. Posteriormente cada una de
las díadas recibió cuatro sesiones adicionales.
Cada una de las sesiones grupales inició con el planteamiento de un
objetivo específico por parte del investigador, objetivo que fue escrito en el
pizarrón. La primera hora de cada sesión grupal fue llevada a cabo exclusivamente
con las madres, sin que estuvieran los hijos presentes. Esta parte
del entrenamiento se encaminó a desarrollar en las madres habilidades para
establecer reglas y rutinas dentro y fuera del hogar, acuerdos de convivencia
y participación en actividades familiares, apoyar las actividades escolares y
reconocer los logros de los niños; todo ello promoviendo que los niños participen
y sin que las madres utilicen golpes o insultos.
En estas sesiones, el investigador expuso a las madres de manera sencilla
una serie de planteamientos de la psicología –algunos aspectos teóricos
acerca de la influencia de la familia en el desarrollo de los niños y algunas
técnicas que se utilizan para la educación infantil, tales como la retroalimentación
positiva, el reforzamiento y la asertividad, encaminados a propiciar
interacciones positivas y negociaciones entre las díadas. También se proporcionó
modelamiento de dichas negociaciones e interacciones, a través de
un juego de roles, donde el instructor fungió como padre y el asistente como
su hijo. Después se discutía en el grupo de madres acerca de las ventajas
de dichas estrategias del estilo democrático y de las desventajas de utilizar
métodos autoritarios con sus hijos.
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 229
Durante la segunda hora de cada sesión grupal se incorporaban los niños,
entonces se procedió a realizar un nuevo juego de roles, en donde el
investigador y su asistente modelaban una interacción positiva o negociación
diádica, y después actuaban dos o tres díadas madre-hijo para practicar
estas formas de interacción positiva y democrática. Al final de cada sesión,
todos los participantes retroalimentaban a las díadas que actuaban y analizaban
errores y aciertos de cada díada, tomando en consideración el modelo,
las instrucciones y el objetivo de la sesión. Se cuidó que todas las díadas
participaran. De esta manera se trabajaron las siguientes actividades en las
ocho sesiones grupales: 1) establecimiento de reglas y rutinas en el hogar, incluyendo
horarios para levantarse, desayunar, arreglarse, hacer la tarea, ver
televisión, jugar y dormir; 2) formas de interacción, incluyendo peticiones de
madre e hijo, respuestas a peticiones y discusión adecuada de desacuerdos;
3) negociación para actividades fuera de casa, tales como visitas a familiares
y asistencia a eventos sociales; 4) establecer las consecuencias de romper
acuerdos o reglas establecidas por la díada; 5) dirigirse al otro de manera
afectiva y comprensiva en situaciones de conflicto; 6) trasmitirle confianza al
otro; 7) apoyo y reconocimiento de las actividades escolares de los niños, y

8) apoyo y reconocimiento de las actividades maternas.
En las cuatro sesiones finales, donde el investigador trabajó con cada
díada por separado, se abordaron aspectos específicos del programa grupal
que la madre o el hijo tuvieran interés en retomar, ya fuera lo relativo a un
tema de los ya tratados o a la manera de solucionar un conflicto específico
entre ellos.
Grupo B. Entrenamiento con madres. Las 15 madres de este grupo recibieron
entrenamiento mediante una estrategia orientada a desarrollar habilidades
de interacción y de negociación con sus hijos y a establecer acuerdos
con la participación de ambos miembros de la díada, es decir, se intentó modificar
la tendencia que las madres pudieran tener hacia un estilo de crianza
en particular, a través de promover en ellas conductas relacionadas con el
estilo de crianza democrático. El entrenamiento se llevó a cabo a lo largo de
doce sesiones grupales de aproximadamente dos horas de duración, con un
intervalo entre sesiones de una semana. El procedimiento general de esta
estrategia, las técnicas de entrenamiento, los temas tratados y las actividades
del programa, fueron los mismos que en la estrategia anterior, la única
diferencia fue que no participaron los niños. Se entrenaron en las madres
habilidades de negociación y establecimiento de reglas en actividades cotidianas,
haciendo partícipe a su hijo en la toma de decisiones, considerando
su punto de vista y procurando llegar a acuerdos mutuos.
Cada una de las doce sesiones grupales inició con el planteamiento, por
parte del investigador, de un objetivo específico que se escribió en el pizarrón.
Al igual que en el programa anterior, el investigador expuso a las
230 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
madres de manera sencilla una serie de planteamientos de la psicología –algunos
aspectos teóricos acerca de la influencia de la familia en el desarrollo
de los niños y algunas técnicas que se utilizan para la educación infantil, tales
como la retroalimentación positiva, el reforzamiento y la asertividad, encaminados
para promover conductas que se ubican dentro del estilo de crianza
democrático. Mediante el modelamiento y un juego de roles, el investigador
fungió como padre y el asistente como su hijo. Después se discutió con el
grupo de madres, acerca de las ventajas de dichas estrategias democráticas
y de las desventajas de utilizar métodos autoritarios o de ser negligentes con
los hijos. Posteriormente se procedió a realizar un nuevo juego de roles, en
donde el investigador o su asistente fungían como hijo, para que cada madre
practicara las formas de interacción diádica en actividades cotidianas, en
cada ejemplo expuesto. Al final de cada sesión, el investigador y el grupo de
madres retroalimentaban a las participantes del juego de roles, analizando
sus errores y aciertos, tomando en consideración el modelo, las instrucciones
y el objetivo de la sesión. Se cuidó que todas las madres participaran en el
juego de roles y en la retroalimentación.
Grupo C. Control. Las 15 díadas que fungieron como grupo control no
recibieron ninguno de los dos entrenamientos. Por razones éticas se programó
el entrenamiento a este grupo de manera diferida, una vez concluido el
estudio.
Fase de pos-evaluación
Se llevó a cabo la segunda aplicación de los instrumentos: ambas escalas de
estilo de crianza materno, a los 45 niños y a las 45 madres participantes, de
la misma manera que en pre-evaluación; a los profesores se les pidió nuevamente
que llenaran el cuestionario relacionado con la conducta inadecuada
dentro del salón de clase de cada uno de sus alumnos, cabe mencionar
que los profesores no conocían en qué situación experimental se encontraba
cada alumno. Además de lo anterior, a lo largo del ciclo escolar se solicitó al
director de la escuela primaria que proporcionara los puntajes de las calificaciones
obtenidas por los alumnos de primer grado en cada bimestre, de las
tres materias académicas.
RESULTADOS
Descripción general del desempeño de los grupos durante el entrenamiento
En ambos grupos de entrenamiento las madres participaron activamente a
lo largo de las sesiones, realizando preguntas específicas de acuerdo a las
experiencias cotidianas con sus hijos. Durante el juego de roles, cooperaban
entre ellas para que se dieran interacciones positivas y mostraban interés en
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 231
la ejecución de todas; durante las sesiones iniciales se requirió frecuentemente
la participación del investigador para proporcionar retroalimentación,
modelamiento o instrucciones adicionales a algunas díadas durante las representaciones,
lo cual fue disminuyendo conforme avanzaba el entrenamiento,
para las sesiones finales las interacciones diádicas positivas fueron
muy frecuentes en todas las participantes.
En el caso del Grupo A se observó además que, cuando los niños
participaban en el juego de roles, las madres solían encaminarlos para interactuar
adecuadamente. Al final de las sesiones, cuando el grupo retroalimentaba
a las díadas participantes, tanto madres como hijos expresaban
su opinión acerca de las interacciones representadas. Este espacio también
sirvió para que cada díada estableciera acuerdos y los asentaran por escrito.
En las cuatro sesiones finales, donde el investigador atendió a cada díada
por separado, las actividades estuvieron dirigidas principalmente a las negociaciones
entre madre e hijo.
Estilos de crianza reportados por madres e hijos
La Figura 1 muestra la comparación de los porcentajes obtenidos en las respuestas
correspondientes a cada uno de los estilos de crianza, de acuerdo a
lo reportado por las madres de los tres grupos de investigación, antes y después
de la aplicación de los programas de intervención. Durante la evaluación
inicial no se observaron diferencias entre los reportes de las madres de
los tres grupos. En todos los casos, se ubicaron porcentajes menores al 25%
para respuestas correspondientes a los estilos de crianza catalogados como
negligente y permisivo. Las respuestas predominantes correspondieron a los
estilos democrático y autoritario, con poca diferencia entre sus respectivos
porcentajes. Para la evaluación final, los reportes indicaron modificaciones
en la tendencia de las madres a responder con dichos patrones y reflejaron
diferencias entre los tres grupos de madres. En el Grupo A, las madres reportaron
un incremento de las respuestas correspondientes al estilo democrático,
alcanzando un nivel del 47%, así como un decremento en las que
se ubican dentro del estilo negligente, alcanzando un nivel cercano a 0%,
en tanto que las respuestas propias de los estilos permisivo y autoritario no
mostraron cambio. En el Grupo B, las madres reportaron un incremento de
las respuestas ubicadas dentro del estilo democrático, similar al del Grupo
A, así como una permanencia de los niveles de respuesta ubicadas en los
estilos negligente y permisivo; en este caso, las respuestas que bajaron su
porcentaje fueron las correspondientes al estilo autoritario. En el Grupo C no
se presentó ningún cambio en los reportes de las madres.
232 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
Figura 1. Comparación de los porcentajes promedio de respuestas reportadas
por las madres de cada grupo, correspondientes a cada estilo de
crianza, en pre-evaluación y pos-evaluación. Nota: en el caso del Grupo C,
los datos de pre-evaluación y pos-evaluación fueron los mismos, por ello no
se aprecian los primeros.
Figura 1
Figura 1. Comparación de los porcentajes promedio de respuestas reportadas por las madres
de cada grupo, correspondientes a cada estilo crianza, en pre-evaluación y pos-evaluación.
Nota: en el caso del Grupo C, los datos de pre-evaluación y pos-evaluación fueron los mismos,
por ello no se aprecian los primeros.
Figura 1. Comparación de los porcentajes promedio de respuestas reportadas por las madres
de cada grupo, correspondientes a cada estilo de crianza, en pre-evaluación y pos-evaluación.
Nota: en el caso del Grupo C, los datos de pre-evaluación y pos-evaluación fueron los mismos,
por ello no se aprecian los primeros.
La Figura 2 muestra los resultados de los reportes infantiles acerca de las
tendencias de sus madres a comportarse dentro de cada uno de los estilos
de crianza; se comparan los porcentajes obtenidos por los tres grupos de
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 233
investigación, antes y después de la aplicación de los programas de intervención.
Durante la evaluación inicial no se observaron diferencias entre los
porcentajes que reportaron los niños de los tres grupos. En todos los casos,
se ubicaron bajos niveles de conductas maternas correspondientes al estilo
de crianza catalogado como negligente, entre 0 y 4 de los 30 reactivos de la
prueba fueron contestados con la opción que corresponde a este estilo, por
lo que su porcentaje máximo fue del 14%; en segundo lugar se ubicaron las
respuestas maternas propias de los estilos democrático y permisivo, entre 6
y 9 de los reactivos fueron contestados con las opciones que corresponden a
éstos, por lo que sus porcentajes estuvieron entre 20 y 30% en ambos casos;
las conductas maternas que caen en el estilo autoritario fueron las de mayor
porcentaje, entre 10 y 16 de las 30 respuestas al instrumento correspondieron
a este estilo materno, lo que representa porcentajes entre 35 y 56%.
Después de la intervención, se observaron diferencias entre los grupos. Los
niños del Grupo A disminuyeron el porcentaje de reportes sobre las conductas
maternas que se ubican en los estilos negligente, permisivo y autoritario,
aumentando notablemente los reportes de conductas maternas que caen en
el estilo democrático; con un promedio cercano a 20 respuestas (65%), las
conductas maternas relacionadas con el estilo democrático se convirtieron en
las predominantes para este grupo. Los niños de los grupos B y C reportaron
porcentajes de conductas maternas muy similares a los reportados durante la
evaluación inicial, con predominancia de las conductas que pueden ubicarse
en el estilo autoritario.
234 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
Figura 2
Figura 2. Comparación de los porcentajes promedio por grupo, correspondientes a las
conductas que los niños reportan en sus madres, ubicadas dentro de cada estilo de crianza, en
pre-evaluación y pos-evaluación.
Figura 2
Figura 2. Comparación de los porcentajes promedio por grupo, correspondientes a las
conductas que los niños reportan en sus madres, ubicadas dentro de cada estilo de crianza, en
pre-evaluación y pos-evaluación.
Figura 2. Comparación de los porcentajes promedio por grupo, correspondientes
a las conductas que los niños reportan en sus madres, ubicadas
dentro de cada estilo de crianza, en pre-evaluación y pos-evaluación.
Conducta en el aula y desempeño académico
De acuerdo con el reporte de los profesores, durante la evaluación inicial 18
de los 45 niños participantes se ubicaron como alumnos con conducta inadecuada,
de los cuales 33% formaron parte del Grupo A, 38% del Grupo B y
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 235
28% del Grupo Control. Para contar con un dato adicional, se realizó un análisis
de chi cuadrada, que indicó que no existieron diferencias significativas
en la conducta inadecuada entre los alumnos de los tres grupos. Al final del
ciclo escolar, el número de niños con conducta inadecuada se redujo a 14,
de los cuales sólo uno formaba parte del Grupo A, ocho del Grupo B y cinco
del Grupo C. En esta ocasión, la chi cuadrada indicó que tales diferencias
entre los grupos fueron estadísticamente significativas en la post-evaluación
(p=.022).
Para medir el impacto de los programas de entrenamiento sobre el desempeño
académico de los alumnos se consideraron las calificaciones de las
tres materias académicas del curso Matematicas, Español y Conocimiento
del medio, obtenidas por los niños en cada uno de los cinco bimestres que
comprenden el ciclo escolar. Con tales datos se obtuvo el promedio de desempeño
académico de cada uno de los grupos participantes, por bimestre,
para cada una de las tres materias. También se obtuvo una calificación académica
global promediando las calificaciones de estas tres materias. En la
Figura 3 se muestran los avances en el desempeño académico de los alumnos
de los tres grupos del estudio. En este caso, también se obtuvieron datos
adicionales realizando comparaciones estadísticas de las calificaciones de
los grupos a través de la aplicación de un análisis de varianza (ANOVA), así
como de una prueba t de Student para muestras relacionadas que permitió
conocer el grado de avance académico de cada grupo.
236 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
Figura 3
Figura 3. Promedio bimestral del desempeño de los alumnos en las tres materias académicas
básicas (Matemáticas, Español, Conocimiento del medio) y su promedio académico global, por
grupo.
Figura 3
Figura 3. Promedio bimestral del desempeño de los alumnos en las tres materias académicas
básicas (Matemáticas, Español, Conocimiento del medio) y su promedio académico global, por
grupo.
Figura 3. Promedio bimestral del desempeño de los alumnos en las tres
materias académicas básicas (Matemáticas, Español, Conocimiento del medio)
y su promedio académico global, por grupo.
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 237
Como se aprecia en la Figura 3, durante el primer bimestre del ciclo escolar
(Fase de pre-evaluación del presente estudio), los promedios académicos
de los alumnos fueron muy similares para los tres grupos, por debajo de 7
de calificación global (dado que ese fue uno de los criterios de selección de
los participantes); esta similitud en el desempeño académico de los alumnos
se observó también en el promedio de cada una de las tres materias consideradas.
El dato proporcionado por el ANOVA indicó que en este momento
del ciclo escolar no hubo diferencias estadísticamente significativas entre los
grupos, en lo relativo a las materias Español y Conocimiento del medio, ni en
la calificación académica global, aunque los dos grupos de entrenamiento (A
y B) tuvieron calificaciones ligeramente superiores que el Grupo Control en la
materia Matemáticas (p= .041).
Para el segundo bimestre, es decir, al finalizar la cuarta sesión de los
programas de entrenamiento aplicados a los dos grupos experimentales, se
observó que casi todos los promedios de calificación de los alumnos mostraron
incrementos (la prueba t indicó que dichos incrementos no fueron estadísticamente
significativos). En este momento del estudio, fueron mayores
los avances del Grupo B, aunque al realizar el ANOVA se encontró que, en
lo relativo a Matemáticas, Español y en la calificación académica global, las
diferencias entre grupos no fueron estadísticamente significativas.
Para el tercer bimestre se habían cubierto ya ocho sesiones de los programas
de entrenamiento, en la Figura 3 se aprecia que hubo nuevamente
un incremento en las calificaciones de las tres materias, en los tres grupos.
Esta vez las calificaciones académicas de los alumnos del Grupo A fueron
ligeramente superiores, alcanzando promedios de alrededor de 8 de calificación,
aunque las diferencias entre grupos no fueron estadísticamente significativas.
El cuarto bimestre correspondió en tiempo con la sesión 12 de los programas
de entrenamiento; aquí se pudo apreciar que los promedios académicos
de los grupos B y C bajaron ligeramente, para ubicarse por debajo de 8 en
todos los casos, en tanto que los promedios académicos de los alumnos
del Grupo A continuaron aumentando. Al obtener los datos del ANOVA, éste
arrojó diferencias estadísticamente significativas a favor del Grupo A, en las
tres materias consideradas en el análisis, así como en el promedio académico
global (Matemáticas, p=.009; Español, p=.001; Conocimiento del medio y
calificación global, p=.000).
Cuando los profesores asentaron en las boletas las calificaciones académicas
del quinto bimestre, los programas de entrenamiento tenían dos meses
de haber concluido. Lo que pudo observarse en ese momento fue que
todos los promedios de calificación mostraron nuevos incrementos, mínimos
para el caso del Grupo C (que llegó a 7.6 de calificación académica global),
un poco mayores en el Grupo B (que alcanzó 8.2 de calificación académica
238 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
global), y en el Grupo A se alcanzaron promedios mayores a 9 de calificación
en todos los casos. La prueba t se llevó a cabo en cada grupo, para comparar
los promedio académicos iniciales con los finales, se encontró que los
alumnos de los tres grupos mejoraron su ejecución de manera significativa
(p=.000), excepto en el caso de la materia Conocimiento del medio para los
grupos C y B. Por su parte, el ANOVA indicó que las diferencias entre grupos
fueron estadísticamente significativas (p=.000), a favor del Grupo A, en las
tres materias consideradas y en la calificación académica global.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Los hallazgos de la evaluación inicial de esta investigación confirman lo reportado
por diversos autores (Aguilar et al., 2004; Connell y Prinz, 2002; Jiménez,
2000; Lambord et al., 1991), en el sentido de que las madres de nivel
sociocultural bajo muestran una tendencia hacia el estilo autoritario. Antes de
la intervención, las madres reportaron como conductas predominantes las
relacionadas con ese estilo de crianza, aunque ligeramente por debajo de las
conductas ubicadas en el estilo democrático. Dicha tendencia materna fue
aún más evidente cuando se consideraron los reportes de los niños de los
tres grupos participantes, quienes calificaron las conductas de sus madres
con una franca predominancia hacia el estilo autoritario, y con algunos indicios
conductuales de los estilos democrático y permisivo. De hecho, en ese
momento de la investigación se pudo observar que, si bien no existió una plena
correspondencia entre los reportes maternos y los reportes de sus hijos, sí
hubo algunas coincidencias; además de las antes mencionadas, en todos los
casos las conductas maternas que se pueden ubicar en el estilo negligente
fueron las de menor porcentaje.
Los datos de la evaluación realizada después de la intervención indican
que el programa de entrenamiento impartido a los participantes del Grupo A
tuvo como efecto la modificación de sus patrones de interacción diádica. En
esa segunda aplicación del instrumento, los reportes de los niños del Grupo
A indicaron una predominancia de sus madres a mostrar conductas que se
pueden ubicar dentro del estilo de crianza democrático, con disminución de
los porcentajes de conducta correspondientes a los otros tres estilos. En este
grupo se observó coincidencia entre lo reportado por las madres y lo reportado
por sus hijos respecto a los tipos de conducta materna exhibida.
En el caso de los participantes del Grupo B se observó un cambio, según
las madres sus niveles de conductas ubicadas en el estilo autoritario
bajaron aún más, y sus conductas correspondientes al estilo democrático
aumentaron en la misma proporción, incrementándose por tanto su nivel de
predominancia. Sin embargo, esos reportes maternos no coincidieron con
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 239
los de sus hijos, dado que los alumnos de este grupo siguieron ubicando
las conductas correspondientes al estilo autoritario en sus madres, como las
de mayor presencia. Estos hallazgos nos hacen suponer que las madres
respondieron en las evaluaciones tratando de ajustarse a lo que ellas juzgaron
socialmente deseable, especialmente para el caso de la pos-evaluación;
dado que durante el entrenamiento tanto el investigador como el grupo de
madres se centraron en impulsar entre ellas las conductas que se ajustan al
estilo democrático, así como a disminuir las otras, las respuestas dadas a los
reactivos pueden haber reflejado lo que ellas sabían que debían contestar,
no necesariamente las conductas que ejercen con sus hijos. Desde luego,
también puede haberse dado el caso de que las madres de este Grupo B
realmente hubieran modificado sus conductas, encaminándolas a un estilo
democrático, pero que sus hijos aún no percibieran plenamente dicho cambio.
Por su parte, ni las madres ni los alumnos del Grupo C mostraron cambio
en los reportes de conducta materna, por lo que sus tendencias conductuales
hacia cada estilo de crianza no parecen haberse alterado.
Los efectos más claros del entrenamiento se observaron en el Grupo
A, cuyos integrantes se incorporaron en díadas para mejorar sus estilos interactivos.
Durante el entrenamiento pudo observarse que cada uno de los
miembros de la díada asumió un compromiso, y juntos aplicaron las estrategias
de negociación e interacción. Desde luego, también en este caso podría
suponerse que, para la aplicación final del instrumento, madres e hijos hubieran
contestado de acuerdo a lo socialmente deseable, por la información que
tenían después del curso. Sin embargo, los datos de cambio conductual en
el aula, así como los avances académicos de los alumnos de este Grupo A
indicaron que el programa de entrenamiento diádico sí tuvo un impacto sobre
sus integrantes.
Al inicio de la investigación, las diferencias entre los grupos en cuanto al
comportamiento inadecuado de los alumnos no fueron significativas, pero sí
lo fueron al final del ciclo escolar. Las conductas inadecuadas de los alumnos
del Grupo A prácticamente desaparecieron, de acuerdo al reporte de sus propios
profesores, lo que no ocurrió en los niños de los otros dos grupos. Cabe
recordar que los profesores no sabían en cuál de las condiciones experimentales
del estudio se encontraba ubicado cada alumno.
Respecto al rendimiento académico pudo observarse un avance en los
alumnos de los dos grupos de entrenamiento, prácticamente desde el segundo
bimestre escolar, sin embargo el rendimiento académico de los alumnos
del Grupo A continuó mejorando, lo que no ocurrió de manera tan clara en
el Grupo B. Para el final del ciclo pudo observarse que: 1) los promedios de
calificación de los alumnos del Grupo C –que no recibieron ninguno de los
entrenamientos se ubicaron por debajo de los promedios de los dos grupos
que sí recibieron alguno de ellos; 2) el Grupo B obtuvo mejores promedios
240 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
que cuando inició, y llegó a un nivel académico que puede considerarse bueno,
y 3) el Grupo A mostró los mayores avances académicos, ubicándose a
un nivel ligeramente superior al 9 de calificación en las tres materias académicas
básicas y en el promedio global de éstas.
Tomando en consideración todos los indicadores utilizados en el presente
estudio, puede concluirse que el programa de entrenamiento llevado a
cabo únicamente con las madres de familia, para encaminar sus conductas
hacia el estilo de crianza democrático, tuvo efectos sobre las actitudes de las
madres participantes hacia la crianza infantil y posiblemente permitió mejorar
las interacciones diádicas con sus hijos; que dicho cambio conductual materno
pudo tener algún efecto sobre el rendimiento escolar de sus hijos, aunque
no sobre su conducta en el aula, y tampoco sobre la manera en que los niños
ubican las conductas maternas.
Por su parte, el entrenamiento llevado a cabo para mejorar los patrones
de interacción entre madres e hijos, a través de la participación de las díadas
(primero de manera grupal y después con atención especial a cada díada),
tuvo un impacto sobre las tendencias conductuales maternas, así como sobre
la manera en que sus hijos califican dichas conductas, ubicando ambos una
predominancia de conductas maternas que corresponden al estilo democrático.
Al parecer, se logró mejorar las formas de negociación e interacción en
las díadas, y este cambio diádico tuvo un efecto importante sobre la conducta
de los alumnos en el aula, así como sobre su rendimiento académico.
Los hallazgos de la presente investigación parecen indicar que un programa
dirigido a madres de familia de estrato sociocultural bajo puede ayudar
a mejorar las relaciones diádicas y a disminuir un latente peligro de fracaso
escolar, tal como lo sugieren autores como Epstein (2001) y Martínez et al.
(2004). Sin embargo, los datos apuntan a la consideración de que la mejor
estrategia es el entrenamiento diádico, ya que tiene efectos sobre las interacciones
madre-hijo, sobre la conducta en el aula y sobre el rendimiento académico,
en mayor medida que la estrategia de entrenamiento a madres. Estos
datos confirman la importancia de los planteamientos de autores como Baker
et al. (2001), Connell y Prinz (2002), Guevara y Mares (1995), Pineda (1986),
Torres et al. (2008) y Morrison et al. (2003), quienes asumen una concepción
interactiva de la relación familiar, de las relaciones madre-hijo, así como del
proceso de desarrollo infantil psicológico y académico.
La principal aportación de la presente investigación es que sus hallazgos
apuntan hacia la consideración de la díada madre-hijo cuando se intente resolver
un problema de rendimiento académico o de conducta del alumno en
el aula, y no exclusivamente al entrenamiento a madres de familia. Esto es
importante porque, cuando se intenta mejorar dichos aspectos, normalmente
se piensa en que las madres deben asumir una actitud directiva hacia sus
hijos “con problemas”, en que son ellas quienes tienen la responsabilidad de
COMPARACIÓN DE DOS ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN 241
“educar bien” a sus hijos, y pocas veces se enfoca la solución hacia la mejor
manera de lograr que madres e hijos participen activamente en la definición
de sus formas específicas de interactuar y de resolver el problema académico
o conductual que se manifiesta en la escuela. Enfocar la solución de esta
manera puede tener muchas ventajas, especialmente con poblaciones de
nivel sociocultural bajo que, como se ha demostrado repetidamente en las investigaciones
del campo, pueden mostrar una tendencia hacia la directividad
y el autoritarismo, así como un riesgo de fracaso escolar o de bajo rendimiento
académico en sus niños (INEE, 2004, 2006).
Sin embargo, debe reconocerse que realizar este tipo de intervenciones
puede tener limitaciones. Una de ellas es que el entrenamiento diádico puede
requerir tiempo y esfuerzo de los profesionales, así como de los miembros
de la familia, de los cuales no siempre se dispone en la vida cotidiana dentro
de las escuelas públicas mexicanas; para solventar en parte esta dificultad,
una alternativa puede ser llevar a cabo convenios institucionales entre las
escuelas primarias de la SEP y las instituciones de educación superior, para
incorporar estudiantes de psicología que realicen esa importante labor de
enlace entre escuela y familia. Una segunda limitación tiene que ver con el
propio nivel educativo de las madres de familia, si éste es demasiado bajo
(llegando al analfabetismo) la puesta en práctica de cualquier programa de
intervención puede requerir ajustes, y el apoyo académico hacia sus hijos se
verá también limitado.
Por esas razones, entre otras importantes, se hace necesario que en
investigaciones posteriores se elaboren y prueben programas similares para
profesores y alumnos de educación básica, encaminados a mejorar sus formas
de interacción en el aula, ya que éste es otro de los aspectos que pueden
poner en riesgo el cumplimiento de los objetivos educativos.
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ANEXO 1: Datos socioeconómicos de la población
participante en la investigación
Para obtener la información socioeconómica de la población participante
de este estudio se recurrió a la clasificación de la Asociación Mexicana de
Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública A. C. (AMAI). La
información socioeconómica de dicha asociación está basada en estudios
socioeconómicos por colonia y municipio. El municipio donde se encuentra
ubicada la escuela donde se llevó a cabo esta investigación se localiza en la
parte norte central del Estado de México, la colonia fue clasificada en el nivel
D, según la AMAI, y tiene las características siguientes:
Nivel D: Está compuesta por personas con un nivel de vida austero y
bajos ingresos. El jefe de familia de estos hogares cuenta en promedio con
un nivel educativo de primara o secundaria, están empleados como obreros,
personal de mantenimiento, vendedores de mostrador, choferes públicos,
maquiladores, etc., y un gran número de madres de familia cuenta con estudios
de primaria, se dedica al hogar y eventualmente al comercio informal.
Perfil del hogar: viven en inmuebles propios o rentados. Las casas o departamentos
cuentan, en general, con una recámara, un baño, sala-comedor
y cocina. La mitad de estos hogares tienen calentador de agua. Estas casas
o departamentos son en su mayoría de interés social o de rentas congeladas
(tipo vecindades). Los hijos realizan sus estudios en escuelas de gobierno.
Las personas de este nivel suelen desplazarse por medio de transporte público
y si llegan a tener auto es de varios años de uso. La mayoría de los
hogares cuenta con un televisor, videocassettera y/o equipo modular de bajo
244 David Jiménez Rodríguez y Yolanda Guevara Benítez
costo. Se puede decir que prácticamente no poseen ningún tipo de instrumento
bancario. Sus diversiones y pasatiempos suelen ser en parques públicos
y esporádicamente en parques de diversiones. Suelen organizar fiestas
en sus vecindades y tomar vacaciones una vez al año en excursiones a su
lugar de origen o al de sus familiares. Su ingreso mensual familiar varía entre
1600 y 4000 pesos.

1 comentarios:

davidj dijo...

Buen buena su página del boletin. Adelante!!!